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Ser Marplatense
Los marplatenses hablamos siempre de identidad. Nos pasamos buscando características que nos distingan, sin darnos cuenta de que tal vez nuestro principal rasgo es precisamente esa obsesión. Ser marplatense es, en suma, preguntarse siempre que es ser marplatense. Nacer en esta ciudad no es suficiente para apropiarse del gentilicio. Por otra parte, más de la mitad de quienes legítimamente se llaman marplatenses son forasteros. Cierto es que los marplatenses de varias generaciones guardan el discreto orgullo de una prosapia que sólo se muestra a la hora de reunirse en su Unión de Nativos Marplatenses, pero nunca presumen de ello.

Íntimamente, los marplatenses sentimos tan nuestro a Astor Piazzolla y a Juan Carlos Castagnino, que sí nacieron aquí, como Alfonsina Storni y a Victoria Ocampo, para quienes Mar del Plata es un referente muy fuerte en sus vidas, aún sin haber nacido en ella. Para ser marplatense basta con amar la ciudad. Sin embargo debe haber algo más. Hay un estilo, un modo de vida marplatense.

Los marplatenses se reconocen desde su actitud y su ritmo, su manera de vestir y aún desde su manera de sentir las cosas. Casi estamos tentados a creer que esta personalidad muestra no la forjamos nosotros, mas bien nos es impuesta por el mar, que talla la costa y también nuestro carácter; por las serranías, ya muy pequeñas de tan viejas, y por el clima, moderado pero con estaciones reconocibles.

Esta ciudad sin aristocracia vive sin embargo con aires de grandeza. Viajar en colectivo nunca es trasladarse sino pasear. Al mediodía almorzamos en casa y cuando noviembre inaugura los días de calor, vamos a la mejor playa sin que nos cueste nada. Sin mucha estirpe pero alcanzados por el recuerdo de la belle époque, los marplatenses caminan a su aire por la ciudad. Esa ciudad que critican y defienden. Esa ciudad que comparten con millones pero que no regalan. Nunca indiferentes a su destino. Mar del Plata impregna con su olor a quienes la habitan y por mucho que nos alejemos perdurará tenaz.

No importa que seamos todos distintos. Los marplatenses seguiremos siendo reconocibles, aunque no nos pongamos de acuerdo sobre qué tenemos en común. El que quiera averiguarlo sólo tiene que hacerse uno de nosotros, para disentir, claro está.


Nino Ramella

Director
Casa de Mar del Plata